La estrategia europea de empleo

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Javier González-Olaechea Franco

 12/06/2004

Uno de los recurrentes debates en europa es cómo lograr una mayor  cuota de poder dentro del nuevo escenario global de las relaciones económicas internacionales que se construye y se transforma con acelerado ritmo.  Instituciones y personas se preguntan cómo lograrlo. En las respuestas encontramos los más variados énfasis. Desde las perspectivas fuertemente atlantistas y militares, como la ejecutada por el primer ministro Blair hasta las multilateralistas eurocéntricas como las del presidente Chirac. En el camino o abanico existen tantas visiones como oportunidades de espacio político se ocupan en tal debate.

Acaso la última pregunta al respecto recogida por los medios es la que se plantea Felipe González con cierto sabor a segundas ligas. Se interroga incluso  la opción entre una Europa  Fortaleza o una Europa Irrelevante, más grande, hoy con 25 países, con más habitantes, “pero sin contar en el escenario de la globalización”.

Lo que nadie ha puesto en duda es la necesidad europea de basar parte de su fortaleza en niveles mayores y mejores de empleo como parte de la estrategia comunitaria y tras ello global. Ello resultó tan obvio hace 30 años que hoy, ante las nuevas amenazas productivas y comerciales extra comunitarias, incluso resulta en una política común de supervivencia.

¿En qué consiste la estrategia europea de empleo?.  Partiendo del conocido y complejo proceso de construcción europea, que lleva más de 40 años, las bases se encuentran en diversos elementos e instrumentos que hemos considerado para abordar este importante tema.

La Estrategia Europea de Empleo (EEE) ha sido diseñada como la herramienta principal para dar marco teórico, subrayar y garantizar la coordinación de las prioridades de las diversas políticas de empleo, en los distintos niveles territoriales, de los estados miembros.

Partiendo del reconocimiento que la principal responsabilidad de crear empleo es de la actividad privada, la Unión Europea y los estados también asumen como función intransferible la potestad de orientar el proceso productivo, por la vía del diálogo en la medida de lo posible, y con ello enfatizar el uso de los instrumentos que sobre el empleo tienen una repercusión directa.

Sobre la base de las nuevas disposiciones del Tratado de Amsterdam, aprobado por el Consejo Europeo en 1997, y con un transfondo de altos niveles de desempleo ( para los niveles comunitarios)  se adoptó esta llamada EEE con el expreso objetivo de crear un conjunto de objetivos y metas comunes para la política de empleo.

Esta coordinación de las políticas comunitarias y nacionales de empleo se construyó tomando diversos elementos, 6 de los cuales destaco a continuación:

  1. Las directrices de empleo, que representan un grupo de objetivos, de acuerdo anual, con sustento en mejorar la empleabilidad y competitividad, desarrollar la empresa, aumentar la adaptabilidad de empresa y mano de obra y fortalecer la igualdad de oportunidad laboral.
  2. Los Planes Nacionales de Acción, redactados por cada país, que aterrizan las directrices comunitarias.
  3. La convergencia para lograr objetivos mínimos comunitarios en materia de empleo y demás índices laborales.
  4. La subsidiaridad como mecanismo de compensación y transición para proteger la fuente de trabajo y potenciarla.
  5. El enfoque de gestión por objetivos, con primacía de mediciones cuantitativas y cualitativas ( número de nuevos y mejores empleos).
  6. La vigilancia comunitaria y por país de la evolución de los índices de empleo con miras a fortalecer la EEE.

De la evaluación hecha de los resultados de este nuevo abordaje europeo hecha entre el 2002 y el 2003, se pueden destacar algunas notas que resultan estimulantes y  otras de preocupación.

El desempeño del mercado de trabajo de la Unión Europea en dichos 5 años mejoró visiblemente con más de 10 millones de nuevos empleos (60% de mujeres) y 4 millones menos de desempleados. La evaluación también confirma el carácter estructural de estas mejoras a través de reducciones en el desempleo estacional, un patrón de crecimiento económico más intensivo en empleo y una respuesta más rápida del mercado de trabajo a los cambios económicos y sociales.

Dentro de este escenario no hay que dejar de tener en cuenta el fuerte impacto de mano de obra barata como producto de las migraciones crecientes.

Aún teniendo en cuenta las diferencias de tales comportamientos entre los estados miembros y también entre regiones como nuevas unidades geoeconómicas, señaladas en diversos informes, hubo un grado mayor de convergencia comunitaria tanto al perseguir los objetivos antes mencionados como al aplicar las políticas nacionales y territoriales del caso. El método de trabajo abierto y cooperativo iniciado desde 1997 demostró ser mejor que el precedente  caracterizado por la vaga coordinación y mecánico seguimiento  muy a posteriori.

Ante ello,  persisten ciertos retos y se añaden otros nuevos tales como mejorar la estructura productiva, intensificar la visión y acción  comercial externa, responder a las tendencias demográficas y migratorias más urgentes, participar de una manera más integral y solidaria de la globalización y finalmente recomponer toda su estrategia a la luz de los retos de los viejos y nuevos socios comunitarios, que hoy suman 25 países, y cuya ampliación e impacto ameritan medidas adicionales tanto estructurales como transitorias.

También, y no de menor importancia, preocupa a los comunitarios que en materia de empleo no se logran óptimos resultados en materia de género (tan caro políticamente), desigualdades nuevas dentro de y entre regiones. En los nuevos miembros esas diferencias también son mayores. En algunos casos muy acentuadas ente las regiones mejor y peor situadas en cuanto a flujos tecnológicos y comerciales. Ya se hablan de nuevas brechas y nuevas minorías en los diarios europeos.

Preocupa por ende un conseguir crecimiento más sostenido y más inclusivo, con fuerte impacto en los niveles de empleo y particularmente en los bolsones de exclusión social, viejos o nuevos. Contra este objetivo pareciera atentar directamente, según opiniones autorizadas,  las persistentes tendencias demográficas con un enjambre migratorio bajamente calificado. Por otro lado la tradicional fuerza de trabajo europea  envejece tendiendo a limitar la oferta de mano de obra calificada futura y encareciendo el sostenimiento del pacto social de post guerra, base de la nueva europa.

La complejidad de la vida laboral se torna aún más compleja a medida que se advierten nuevos patrones empresariales y laborales en las relaciones económicas internacionales en general y en las europeas en particular.  El escenario mundial fuertemente influenciado por la competencia feroz por los recursos y mercados ha alterado la protectora visión estatal del bienestar laboral europeo. El equilibrio, si cabe, entre la flexibilidad y la seguridad se ha convertido casi en un acertijo de laberíntica respuesta.

Sobre la estrategia empleo europeo podríamos afirmar que, también como en el resto del mundo desarrollado, la globalización acelera la creación de sociedades basadas en el conocimiento. Tanto el conocimiento teórico como el aplicado, como el ejercido dentro éste último a los procesos económicos, la reestructuración económica en marcha resulta evidente y configura ya un nuevo mapa de riquezas y tendencias. Es como mirar diversos movimientos que se suceden en películas transparentes que se van superponiendo a medida de los años y cada vez a mayor velocidad.

Estas transformaciones pueden ser vistas, y en la práctica los son también, como nuevas esclavitudes, pero asimismo como nuevas retos y oportunidades.

Si bien las negociaciones de los países deben ser estratégicas y comerciales, los debates deben alimentarse con fundamentes ideológicos para ganar espacio en la opinión pública de los más países y circuitos más poderosos.

No les basta, a los países menos desarrollados, sumar esfuerzos dentro y fuera. Tampoco la inversión en capital humano y en tecnología aplicada. Es menester, a partir del conocimiento, atacar, cambiar y moderar las mismas reglas de juego del comercio y derecho internacionales.

Europa justamente, como parte del marco teórico de la EEE, lo hace frente a quienes considera fuera de su círculo de convergencias y proximidades.

Finalmente, ninguna estrategia de desarrollo y competencia es posible, menos exitosa, si no toma en serio y sostenidamente una política integral de empleo que afronte y supere los viejos y nuevos retos del mercado y sus consecuencias. Fué  esta la motivación al escoger el tema del trabajo solicitado, ya que un mercado laboral grande y fuerte y en constante capacitación y expansión es uno de los pilares insustituibles de toda otra fortaleza en las relaciones políticas y económicas internacionales.

Para el Curso de Relaciones Económicas Internacionales a cargo del Dr. Alberto Rubio

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